sábado, 30 de mayo de 2009

Mapas

Desconozco cuando ocurriría realmente, el primer recuerdo que tengo es el de un señor con bigote que un día trajo a casa unas cajas llenas de libros azules. Se trataba de un vendedor de enciclopedias que había conseguido venderles una a mis padres, la Lectum Juvenil.



A lo largo de mi vida he podido observar la distribución cromática particular de estos lomos en muchos hogares. Por lo que se ve, aquel señor bigotudo vivió su época dorada en la primera mitad de los 80. Y en mi opinión, el dinero que mis padres le debieron dar a cambio de la enciclopedia pitufil, han sido de las pesetas mejor gastadas que han salido de sus bolsillos.

Para los que no lo sepáis, deciros que la Lectum Juvenil era una colección de 20 tomos en la que se exponían los pasajes más interesantes del saber universal organizados en diversas secciones: Países, Tierra y Cielo, Personajes famosos, Historia y Política,... Todo ello en un formato tipo artículos de National Geographic, que para la época debía ser muy moderno, tal como le correspondía a la década de 1980.

Mis secciones favoritas eran Países y Tierra y Cielo. En la primera se describían los países de mundo, desde el punto de vista de organización política y administrativa, su demografía y economía, además de las costumbres y particularidades de cada pueblo. En la segunda se entraba a saco en la geografía mundial, con los accidentes geográficos más fascinantes y también con artículos amplios sobre dinámica atmosférica y cósmica. Llegados a este punto, los que me conozcáis bién habréis visto respondidas varias cuestiones que seguramente os inquietaban de mi carácter. Pero lo que me ocupaba durante la mayor parte del tiempo era la observación ortogonal de todos los mapas que la enciclopedia contenía. Mi preferido era un supermapa político del mundo que ocupaba dos páginas enteras; en él podía ver el globo terráqueo en toda su magnitud, con todos sus continentes, países, océanos, lagos,... además de poder situar en el mapa todos los lugares que oía nombrar en la televisión o en conversaciones dispares. Como bien debéis recordar, en aquella época el tema de viajar por el mundo (o incluso por Europa, aunque entonces no se usase esta denominación del conjunto) era algo muy exclusivo, tan sólo al alcance del amigo de algún amigo, y como prueba de ello pensad que la grandísima mayoría de las lunas de miel de entonces consistían en viajes por la geografía de España o de Andorra, como mucho. La quimera que representaba el poder visitar físicamente alguno de los lugares del planisferio no hacía más que incrementar mis ansias por conocer con mayor detalle las particularidades de cada rincón del planeta.

Imagen del mapa que tengo en mi habitación y que en realidad mide 200x140 cm. Regalo de mi exploradora favorita.

En poco tiempo aprendí un montón de datos y curiosidades sobre un gran número de países, cosa que posteriormente me serviría para entablar infinidad de conversaciones durante las fiestas Erasmus, y para ganar unos cuantos quesitos en las partidas de Trivial. Pero para lo que más sirvieron las horas con la Lectum fue para crearme una adicción terrible a cualquier tipo de mapas. No sólo me quedaba con la observación de los mapas físicos (mis favoritos), sino que también le pegaba a los políticos (de todas las épocas), climáticos, agrícolas, orogénicos, fluviales, de la red de carreteras de todos los estados, de comunicaciones ferroviarías y marítimas,...incluso me he llegado a sorprender empanadísmo mirando un mapa de las caras visible y oculta de la Luna. Invierto mis minutos de espera en las paradas de bus y metro, recorriendo los mapas de la red que hay en las marquesinas y andenes. Mi voracidad geodésica no conoce límites.


Una vez empecé a moverme por el mundo viajando, pude comprobar por mi mismo muchísimas de las cosas que había leído de niño. Normalmente sólo visitaba las grandes ciudades y alrededores, dejándome sin ver algunas de las zonas de los mapas que más me gustan, las de colorcito marrón oscuro de los mapas físicos. Eso es lo malo de ir en avión a los sitios, perderse la transición paisajistica y no cruzar las verdaderas fronteras que constituyen las cadenas montañosas y demás accidentes geográficos.

En breve voy a tener la oportunidad de ver esas zonas, ya que en una semana me voy de viaje con Pak Costeau, en un intenso road-trip que nos llevará a través de los Alpes y la Selva Negra. Pateando el terreno, haciendo noche en los bosques y llegando a los sitios más highlighted de la geografía de Centroeuropa, aunque ello nos cueste largas travesías a pie. Uno de los viajes que siempre quise hacer, aunque echaré en falta la compañía de Marta (la próxima al Caribe!).

Intentaré contar más en las próximas entradas, de momento os dejo un mapa... ;)


sábado, 25 de abril de 2009

L'illa dels pensaments

Situada al norte del Monte de Oro, L'illa dels pensaments, o isla de los pensamientos, se encuentra sepultada bajo moles de hormigón. Parece ser que su origen, historia y la razón de su nombre tan enigmático también han corrido la misma suerte. He sido incapaz de encontrar por la web algún dato que me de una descripción sobre este lugar, tan sólo referencias a vestigios humanos prehistóricos. La mayoría de sus actuales (y eventuales) moradores posiblemente desconozcan que realmente se trata de una isla, unida por la fuerza urbanística al continente en algún momento entre las décadas 60 o 70.




Al no encontrar información suficiente, paso a describiros el significado que ha tenido desde siempre para mí este paraje, y porqué ha acabado dando nombre a éste blog.

Desde pequeño siempre he pasado mis vacaciones de verano en el apartamento de mis padres, en la zona del Racó. Cerca de donde está la Isla de los Pensamientos también se encuentra la gruta del pirata Dragut, caverna donde supuestamente el corsario se escondió antes de su terrible ataque a la población de Cullera en mayo de 1550, y tras el cual se produjo un despoblamiento que duró décadas. Obviamente, cuando era niño imaginaba que todo el territorio que ocupaba durante las vacaciones fue antaño un universo plagado de piratas, batallas de espadachines y, por supuesto, de tesoros enterrados.


Recreación de los momentos previos al ataque: flota de Dragut escondida cerca del actual Faro. La Isla de los Pensamientos mostrada como tal. Fuente: http://www.cuevadeldragut.com/espana/Galeria.htm



En mis abundantes rutas de exploración encontraba rincones mágicos a los que no me costaba idearles una implicación en la temática bucanera. Uno de los más especiales era, lógicamente, la Isla de los Pensamientos. Entonces, pensaba que las huestes de Dragut batallaban incesantemente contra los valientes defensores de las costas cullerenses, un continuo toma y daca en el que Dragut siempre salía con algún que otro botín, compuesto como no, de oro y joyas de valor incalculable.




Imaginaba yo que Dragut debía de pasar mucho tiempo planeando minuciosamente los ataques, ya que los cullerenses lo debían de ver venir, conocedores de la amistad que Dragut profesaba por lo ajeno, y se preparaban para lanzarle cañonazos desde el castillo y emboscadas por todo el curso del río. Pero ahí no debía terminar la faena del pobre pirata, siendo después de la árdua batalla el momento de buscar un buen escondite para el baúl lleno de las joyas, monedas de oro y piedras preciosas que les acababa de arrebatar a los resignados pobladores de Cullera.




Tras tanta planificación estratégica, gestión del grupo humano de gañanes que lideraba, las fatigas de la batalla y la posterior búsqueda de un buen agujero donde esconder los beneficios, el laborioso lugarteniente de Barbarroja debía de estar hasta el gorro de las artes piratiles.



Para mí resultaba obvio que la Isla de los Pensamientos era el lugar elegido por Dragut para descansar el cuerpo y la mente. Lo imaginaba sentado en el acantilado donde ahora se erige el edificio Orión, absorto en pensamientos que nada tendrían que ver con su profesión, ni con la vida que debía de llevar. Su mirada recorriendo la costa: desde la falda del Montgó, pasando por la sierras de la Safor, el Montdúver, la Serra del Cavall, las tierras pantanosas que posteriormente se utilizarían como arrozales, hasta terminar en las maravillosas playas de arena fina que conformaban las bahías del Racó y del Cap Blanc. Intentando imaginar qué habría más allá de ese universo acotado por las fronteras de piedra caliza tras las que se ocultaba el sol.





Así me imaginaba yo a Dragut, ocupado en su estática rutina de dejar pasar la eternidad, mientras los eones se deslizaban sobre las aguas del Mediterráneo y las tierras de la Ribera.

Muchas tardes de verano pasaba yo emulándole, pero desde el balcón de mi apartamento, lo que se convirtió durante mucho tiempo en mi particular Isla de los Pensamientos.

Abro entonces este blog con la intención de iros contando las cosas que me van pasando, mientras el tiempo golpea los acantilados de mi Isla de los Pensamientos.