
A lo largo de mi vida he podido observar la distribución cromática particular de estos lomos en muchos hogares. Por lo que se ve, aquel señor bigotudo vivió su época dorada en la primera mitad de los 80. Y en mi opinión, el dinero que mis padres le debieron dar a cambio de la enciclopedia pitufil, han sido de las pesetas mejor gastadas que han salido de sus bolsillos.
Para los que no lo sepáis, deciros que la Lectum Juvenil era una colección de 20 tomos en la que se exponían los pasajes más interesantes del saber universal organizados en diversas secciones: Países, Tierra y Cielo, Personajes famosos, Historia y Política,... Todo ello en un formato tipo artículos de National Geographic, que para la época debía ser muy moderno, tal como le correspondía a la década de 1980.
Mis secciones favoritas eran Países y Tierra y Cielo. En la primera se describían los países de mundo, desde el punto de vista de organización política y administrativa, su demografía y economía, además de las costumbres y particularidades de cada pueblo. En la segunda se entraba a saco en la geografía mundial, con los accidentes geográficos más fascinantes y también con artículos amplios sobre dinámica atmosférica y cósmica. Llegados a este punto, los que me conozcáis bién habréis visto respondidas varias cuestiones que seguramente os inquietaban de mi carácter. Pero lo que me ocupaba durante la mayor parte del tiempo era la observación ortogonal de todos los mapas que la enciclopedia contenía. Mi preferido era un supermapa político del mundo que ocupaba dos páginas enteras; en él podía ver el globo terráqueo en toda su magnitud, con todos sus continentes, países, océanos, lagos,... además de poder situar en el mapa todos los lugares que oía nombrar en la televisión o en conversaciones dispares. Como bien debéis recordar, en aquella época el tema de viajar por el mundo (o incluso por Europa, aunque entonces no se usase esta denominación del conjunto) era algo muy exclusivo, tan sólo al alcance del amigo de algún amigo, y como prueba de ello pensad que la grandísima mayoría de las lunas de miel de entonces consistían en viajes por la geografía de España o de Andorra, como mucho. La quimera que representaba el poder visitar físicamente alguno de los lugares del planisferio no hacía más que incrementar mis ansias por conocer con mayor detalle las particularidades de cada rincón del planeta.
Imagen del mapa que tengo en mi habitación y que en realidad mide 200x140 cm. Regalo de mi exploradora favorita.
En poco tiempo aprendí un montón de datos y curiosidades sobre un gran número de países, cosa que posteriormente me serviría para entablar infinidad de conversaciones durante las fiestas Erasmus, y para ganar unos cuantos quesitos en las partidas de Trivial. Pero para lo que más sirvieron las horas con la Lectum fue para crearme una adicción terrible a cualquier tipo de mapas. No sólo me quedaba con la observación de los mapas físicos (mis favoritos), sino que también le pegaba a los políticos (de todas las épocas), climáticos, agrícolas, orogénicos, fluviales, de la red de carreteras de todos los estados, de comunicaciones ferroviarías y marítimas,...incluso me he llegado a sorprender empanadísmo mirando un mapa de las caras visible y oculta de la Luna. Invierto mis minutos de espera en las paradas de bus y metro, recorriendo los mapas de la red que hay en las marquesinas y andenes. Mi voracidad geodésica no conoce límites.
Una vez empecé a moverme por el mundo viajando, pude comprobar por mi mismo muchísimas de las cosas que había leído de niño. Normalmente sólo visitaba las grandes ciudades y alrededores, dejándome sin ver algunas de las zonas de los mapas que más me gustan, las de colorcito marrón oscuro de los mapas físicos. Eso es lo malo de ir en avión a los sitios, perderse la transición paisajistica y no cruzar las verdaderas fronteras que constituyen las cadenas montañosas y demás accidentes geográficos.
En breve voy a tener la oportunidad de ver esas zonas, ya que en una semana me voy de viaje con Pak Costeau, en un intenso road-trip que nos llevará a través de los Alpes y la Selva Negra. Pateando el terreno, haciendo noche en los bosques y llegando a los sitios más highlighted de la geografía de Centroeuropa, aunque ello nos cueste largas travesías a pie. Uno de los viajes que siempre quise hacer, aunque echaré en falta la compañía de Marta (la próxima al Caribe!).
Intentaré contar más en las próximas entradas, de momento os dejo un mapa... ;)


